viernes, 29 de enero de 2016

Los Reyes de la Miseria


Es una noticia que ha pasado prácticamente desapercibida.

Quizás porque no tiene una excesiva relevancia y porque es la típica noticia de carácter diplomático y protocolario que la mayoría de gente percibe como ruido de fondo en los telediarios.

¿Y cuál es la noticia en cuestión?

Pues bien, que los Reyes de España tenían planeado visitar Arabia Saudita este mes de febrero.


Una visita que ha sido anulada por ser considerada “inconveniente”… especialmente después de las denuncias que han realizado desde determinados círculos y partidos políticos de izquierdas, como Podemos y Izquierda Unida, en relación a los abusos contra los derechos humanos que se producen en el reino Saudita y especialmente, tras la ejecución de 47 personas por el régimen de Riad.

Bien, ésta podría resultar una noticia menor, de aquellas que provocan bostezos, y de hecho lo ha sido a nivel mediático, porque prácticamente no se ha enterado nadie.

Sin embargo, esta es la típica noticia que oculta en su interior una enorme carga simbólica.

Habla mucho de cómo es nuestro mundo y del nivel de extrema miseria humana, indecencia, estupidez, ceguera, incoherencia y bajeza moral que reina en nuestras sociedades, desde los estratos más bajos de la sociedad, hasta los más altos círculos del poder.

Para empezar, la primera muestra de bajeza moral e hipocresía, procede de la propia familia real española, que según fuentes del periódico oficialista El País, no ha cancelado la visita como protesta por los abusos y los crímenes del régimen de Riad, sino porque la situación política española, donde se está en plenas negociaciones para conformar gobierno, “obliga a Felipe VI a permanecer en España”.


Es decir, la monarquía española, máxima representación política del estado español y por lo tanto, de todos los ciudadanos españoles, oficialmente no dejará de visitar Arabia Saudí por ser un régimen dictatorial, opresor y criminal, sino “porque no les viene bien por cuestiones de agenda”.

¡Y a todo el mundo le parece correcto un argumento de este tipo!

Resulta asombroso ver hasta qué punto la miseria humana se ha institucionalizado y adquiere las más variopintas formas protocolarias, sin que a la mayoría de la población le sorprenda ni le produzca el más mínimo resquemor.



Quizás a muchos de los lectores les sorprenda este texto, pues tienen tan asumido que las cosas funcionan así, que probablemente no crean que un hecho como éste merezca un artículo.

Pero quizás no acaban de comprender hasta qué nivel de profundidad llega nuestra miseria cuando toleramos actitudes como estas.

Por esa razón, vamos a profundizar un poco más sobre esta visita (de momento anulada), de los Reyes de España a Arabia Saudí, pues representa un ejemplo perfecto de hasta dónde puede llegar la mezquindad de gran parte de la población, incluidos nuestros execrables gobernantes.


Para empezar, debemos destacar las relaciones de estrecha amistad que unen a la familia Real Española (esa familia “tan demócrata y amante de la paz, la convivencia y la constitución”) y la Casa de los Saud, una repugnante mafia criminal que tiránicamente rige los destinos de Arabia Saudita y a la que tanto gusta de ejecutar a los opositores políticos, aunque sean pacíficos, y que tanto disfrute parece encontrar en el noble arte de la mutilación, la flagelación o la decapitación.

Esta amistad entre ambas familias viene de muchas décadas atrás.

Una demostración de ello, es que hace unas semanas, a finales de 2015, el rey de Arabia Saudí, Salmán Bin Abdulaziz, organizó una cena con todos los honores para homenajear a su estimado amigo, el rey Juan Carlos de España, durante una visita privada del monarca español a Arabia Saudita.


Pero ¿por qué criticamos tanto la relación de amistad entre la familia real española y el régimen de Arabia Saudí?

¿Por qué criticamos que los Reyes de España tuvieran planeado visitar este país árabe?

Para empezar a argumentarlo, os ofrecemos un gráfico que ya utilizamos en un artículo del Robot Pescador, titulado REYES Y TERRORISTAS: LA ESCANDALOSA HIPOCRESÍA DE LOS MANDATARIOS OCCIDENTALES

El gráfico compara los castigos que aplican, para los mismos delitos, el régimen de Arabia Saudita y esos “malignos terroristas” de Estado Islámico.


Como decíamos en ese articulo, el “super-mega-monstruo-terrorista” del Estado Islámico y el Reino de Arabia Saudita, ofrecen un trato muy similar a los ciudadanos que se saltan sus leyes impuestas por la fuerza. Prácticamente no hay diferencia entre ambos.

Pero bueno, eso a los Reyes de España no parece importarles demasiado y por lo visto, a sus súbditos tampoco.

Tampoco les debe importar la brutal represión a la que se ven sometidas las mujeres en Arabia Saudita, ni la brutal represión a los homosexuales; ni tampoco la persecución a los disidentes políticos.


Bien, hasta aquí, hemos ido utilizando los argumentos habituales que esgrimen los grupos de activistas o partidos políticos como Podemos o Izquierda Unida, entre otros.

Es el argumentario habitual que se pone sobre la mesa para criticar las relaciones con el régimen Saudita, basado en las verdades oficiales más obvias.


Pero hay otras verdades, no tan obvias y que son bien sabidas sobre el régimen Saudita, pero que disimuladamente se pasan por alto o se dicen con la boca pequeña y sin insistir demasiado, porque pondrían de relieve la enorme hipocresía de nuestros gobernantes y de nuestras sociedades.

Las personas mínimamente informadas, ya sabrán de qué estamos hablando: el régimen de Arabia Saudita lleva décadas promoviendo y financiando el terrorismo yihadista a nivel internacional.


Es algo que saben todas las cancillerías del mundo y que es sobradamente conocido por todos los mandatarios, incluido el Rey de España (a no ser que sea tan limitado intelectualmente como lo parecen ser sus dos hermanas).

Todo el mundo conoce, porque además está ampliamente documentado, que Arabia Saudita lleva décadas promoviendo el Wahabismo, la rama más radical del Islam.


Y todo el mundo sabe, porque también está ampliamente documentado, que el régimen de Arabia Saudita es la fuente principal de financiación de grupos terroristas como Al-Qaeda (del que posteriormente surgió Estado Islámico) o los Talibán, entre muchísimos otros.

Repetimos: lo saben todos los gobernantes del planeta y la información al respecto está ampliamente disponible en las redes para cualquier persona que quiera y sepa leer.






Así pues, llegados aquí, la pregunta lógica que debería asaltar cualquier mente mínimamente racional es:

¿Cómo puede ser que una familia real como la española, que pasa por ser un ejemplo de “respeto a la democracia, la constitución, la convivencia, el diálogo y los derechos humanos”, sea tan amiga de una familia de dictadores, promotores del fanatismo islámico y el terrorismo internacional, y que tanto gustan de ejecutar a los que se oponen a sus designios?

¿Qué puede unir a nivel personal a los miembros de la familia real española con elementos de esta calaña, capaces de alentar las peores atrocidades por todo el mundo?

Recordemos que estamos hablando de una estrecha amistad, cultivada a lo largo de décadas.


Bien, que cada uno responda a estas preguntas en la cálida intimidad de sus respectivos hogares…

A modo de ejemplo y reflexión, imaginen ustedes por un momento, que sus vecinos son un clan mafioso que se dedica a decapitar y mutilar a quienes no les obedecen, que trata a las mujeres como esclavas y que promueve el terrorismo y el asesinato contra personas inocentes en todos los rincones del mundo.

¿Querrían tener ustedes algún trato de amistad y cercanía con ese tipo de gente? ¿Serían sus amigos? ¿Asistirían a fiestas con ellos?

Pues bien, los Reyes de España y el resto de mandatarios del mundo, sí lo hacen.


Y parecen estar muy satisfechos con ello.

¿Les parece bien a ustedes que gente como ésta les represente o les gobierne?

¿Están cómodos sabiendo que personajes de esta ralea están “ahí arriba” dirimiendo los destinos de toda una nación?

A la mayoría de gente no parece incomodarle en absoluto y eso explica porqué sucede lo que sucede por todo el mundo.


Pero dejemos de fijarnos en la evidente psicopatía de nuestros mandatarios y gobernantes y centremos la mirada crítica donde la tenemos que centrar: en nosotros mismos, la población.

Para hacerlo, seguiremos con el ejemplo de la visita de los Reyes de España a Arabia Saudita y su entrañable amistad con la familia de sátrapas y degenerados que gobiernan ese país.

Como hemos indicado antes, está perfectamente documentado que el régimen saudí es el principal promotor del terrorismo islamista a nivel internacional y que más concretamente, es la principal fuente de financiación del grupo terrorista Al-Qaeda.

Bien, ¿alguien recuerda lo que sucedió en España el 11 de marzo de 2004?


Para quien no lo recuerde (por lo visto, el 100% de la población española), ese día un atentado de Al-Qaeda (según la versión oficial aceptada a nivel internacional), provocó la muerte de 193 personas y heridas a 1858 personas más, muchas de las cuales han quedado mutiladas de por vida.

Es decir, según la versión oficial (aceptada también por la propia familia real española), un grupo terrorista financiado principalmente por el régimen de Arabia Saudita y cuya ideología se basa en el Wahabismo, promovida amplia y activamente por la familia real de Arabia Saudita durante décadas, asesinó impunemente a 193 ciudadanos españoles inocentes y hirió a 1858 más.


Podríamos decir, sin riesgo a equivocarnos, que obedeciendo a la verdad oficial de los hechos, la familia real de Arabia Saudita promovió y financió ese atentado en España.

Y por lo visto, para los Reyes de España, eso no significa el más mínimo impedimento para seguir conservando una estrecha y entrañable amistad con ellos, cerrando tratos y negocios y asistiendo a sus generosas fiestas de homenaje.

Para decirlo de forma clara y castiza: cuando los reyes asisten a fiestas organizadas por la familia real Saudita o cuando realizan visitas oficiales al reino saudí, marcadas por la cordialidad y las buenas relaciones, nuestros estimados monarcas se mean sobre las tumbas de los muertos del 11-m.

Y lo repetimos por si a alguien no le ha quedado suficientemente claro: LOS REYES DE ESPAÑA SE MEAN SOBRE LAS TUMBAS DE LOS MUERTOS DEL 11-M

Ese es el nivel de respeto que muestran por “sus súbditos” y más concretamente, por los fallecidos en los atentados.


Y de hecho, así son la mayoría de mandatarios del mundo.

Sí, son esos mismos mandatarios que verás con gesto compungido ante los familiares de las víctimas de cualquier atentado terrorista, financiado por sus socios o perpetrado por sus propios servicios de inteligencia; esos mismos mandatarios a los que escucharás hablando de “acabar con la violencia de género” o “con el terrorismo” mientras cierran negocios con aquellos que lo promueven; los mismos a los que verás haciendo grandes discursos sobre la democracia mientras asisten a fiestas organizadas por sátrapas; los mismos a los que verás hablando de “paz mundial” mientras promueven la venta de armas…

Pero no te engañes.


No mienten por casualidad o por desconocimiento.

Saben perfectamente lo que hacen a cada momento.

Lo saben mientras pronuncian cada palabra de sus insoportables discursos vacíos…

Lo saben mientras miran desvergonzadamente a los ojos a las madres de los muertos…


Pero como decíamos antes, lo peor no es la total falta de respeto que tienen hacia la población nuestros mandatarios o representantes políticos.

Al fin y al cabo, en el caso de ese aciago 11 de marzo, las personas que murieron fueron trabajadores y estudiantes, casi todos procedentes de zonas humildes del extrarradio de Madrid, que viajaban en abarrotados trenes de cercanías para asistir a sus puestos de trabajo o a sus centros de estudio.

No podemos exigir a personas de alta alcurnia, como los Reyes de España, que no han trabajado durante generaciones y que llevan desde pequeñitos desplazándose en lujosos coches oficiales pagados por el erario público, que sientan ningún tipo de empatía por ellos.

Sería antinatural que quienes se consideran con un derecho de nacimiento superior al resto, sintieran algún tipo de empatía por la plebe.


A quien le debemos exigir ese sentimiento de identificación con los fallecidos del 11-m, es al resto de la población española. A los que podrían ser sus familiares, sus amigos o sus vecinos… todos aquellos que podrían haber viajado en esos trenes.

A estos es a quienes debemos exigirles una respuesta indignada ante el atropello indecente que significa que los Reyes de España sean tan amigos de los que promovieron esa masacre.

¿Dónde están las manifestaciones públicas de protesta contra el Rey por mantener vínculos con esos asesinos y terroristas?

¿Alguien ha visto alguna?


¿Alguien ha expuesto públicamente y de forma notoria la relación entre la familia real saudí, la familia real española y los atentados del 11-m?

Y es que aquí donde se produce otra vuelta de tuerca en todo este asunto: la vuelta de tuerca que demuestra el nivel de bajeza al que hemos llegado los ciudadanos en las sociedades actuales.

LA GRAN CONTRADICCIÓN DE LOS SÍMBOLOS

Si algo demuestra el ejemplo que exponemos en este artículo, es que vivimos en un mundo absurdo, vacío y repleto de personas sin ninguna consistencia.

Por ejemplo, en España tenemos a gran parte de la población, que como sucede en el resto de países del planeta, se muestra extremadamente respetuosa y celosa de sus símbolos nacionales: la bandera, el himno, la constitución o la monarquía.

Gente que se ofende legítimamente cuando alguien insulta o falta al respeto a alguno de estos símbolos nacionales.


Sin ir más lejos, podemos poner el ejemplo de los silbidos al Rey de España o al himno español en recientes finales de la Copa del Rey de fútbol, protagonizados por aficionados del FC Barcelona y del Athletic de Bilbao y que tanto rechazo provocaron en todo el territorio nacional.

Es fácil deducir que si tanta gente se sintió íntimamente ofendida por ese ataque contra los símbolos nacionales, se debe a que consideran que esos símbolos les representan de alguna manera, ¿no?

Se puede deducir que se identifican con ellos.

Paralelamente a este respeto hacia los símbolos nacionales, gran parte de la población también da gran importancia a toda una panoplia de gestos simbólicos diversos, como son minutos de silencio, concentraciones, homenajes diversos o manifestaciones, relacionados con la violencia de género, la homofobia, la paz mundial y de forma aún más generalizada y transversal, la repulsa contra los actos terroristas.


Lo hemos visto centenares de veces y muchos de nosotros hemos participado en ellos.

En definitiva, los hechos demuestran que la gran mayoría de la población española da una gran importancia a los símbolos nacionales y a los gestos simbólicos como método de expresión social.

Así pues, si los españoles nos mostramos tan celosos con toda esta expresividad simbólica, ¿cómo podemos tolerar que el máximo representante del Estado, el Rey de España, máximo símbolo político de la nación y de la patria, se abrace con los dirigentes criminales de un país donde el maltrato a la mujer y la homofobia están institucionalizados, donde la libertad de expresión está perseguida y donde se promueve el terrorismo?

Al aceptar sin rechistar este gesto simbólico de amistad entre ambas familias reales, lo que están diciendo esos ciudadanos tan respetuosos con la simbología, es que están de acuerdo con la tiranía, con el fanatismo religioso, con el maltrato institucionalizado a la mujer, con la persecución de los homosexuales y con la represión de la libertad de expresión…


Y lo que es más sangrante: al aceptar este gesto simbólico de amistad entre ambas familias reales sin abrir la boca, la población española se muestra conforme con el asesinato de esos 193 españoles en los atentados del 11-m.

Y llegados aquí, deberíamos preguntarnos: ¿de qué cojones sirven tantos gestos simbólicos, en forma de minutos de silencio por las mujeres maltratadas o en forma de manifestaciones por los derechos de gays y lesbianas?

¿De qué sirve tanta indignación hacia los que silban al Rey de España como símbolo nacional, si después permitimos que ese mismo símbolo insulte a la dignidad de toda la nación con sus execrables amistades y actividades?

Y sobretodo, ¿para qué sirvió tanta teatralidad y tanto lloriqueo sensiblero con las víctimas del 11-m?


¿Lo recuerdan ustedes?

¿Recuerdan la cantidad de personas que se concentraron para homenajear a las víctimas, los actos de repulsa hacia el terrorismo, las declaraciones conmovedoras, las poesías, las lágrimas de cocodrilo derramadas ante las cámaras por gente que no conocía a los fallecidos, las concentraciones silenciosas, las velas, las flores, los monumentos conmemorativos y los mensajes emotivos escritos en papelitos y expuestos en la estación de Atocha?

¿Para qué tanta hipocresía, si a la hora de la verdad nos unimos todos alegremente a su majestad el Rey de España, en su magna meada sobre las tumbas de los fallecidos?

Solo falta que a la simbólica meada nacional sobre las sepulturas de las víctimas, se añada a modo de coro, la insigne ex-diputada popular Andrea Fabra, con su famoso “¡Que se jodan!”.


Eso es lo que le estamos diciendo todos “simbólicamente”, a las víctimas del terrorismo financiado por Arabia Saudí: “¡Que se jodan!”

¿Alguien es consciente de la profunda mezquindad que demuestra la población día tras día?

No estamos hablando del tipo de hipocresía habitual, esa que está basada en la manipulación de las convenciones sociales por interés propio. Ese tipo de hipocresía, aunque condenable, merece un cierto grado de respeto, pues quien la utiliza busca conseguir algún tipo de fin o beneficio.


El problema es que estamos hablando de una hipocresía basada en el vacío total de sentido; una hipocresía basada en la programación mental de la población, que se traduce en gestos y respuestas automáticas a nivel social, en forma de gestos teatralizados que las personas repiten por imitación y realizan porque, en alguna línea del código de programación que rige sus mentes y actitudes, se indica “que toca hacerlo porque es lo que toca hacer y porque lo hacen todos los demás”.

No hay sentido, no hay coherencia, no hay un sentimiento real que otorgue un contenido real a todos esos gestos… solo hay estupidez existencial profunda.

¿Alguien considera lógico que tanta gente se encienda de indignación porque otros realizan el acto simbólico de silbar un himno y no se encienda de indignación cuando se realiza el acto simbólico de insultar la memoria de otros compatriotas víctimas de un asesinato masivo?


Y que quede bien claro que este nivel de miseria existencial de la población no es exclusivo de España.

En este artículo hemos utilizado el ejemplo de la amistad de los Reyes de España con el régimen saudí porque es lo que tenemos más cercano, pero podríamos haber hecho lo mismo, por ejemplo, con la amistad de la familia Bush con ese mismo régimen saudí, que financiando a Al-Qaeda, perpetró los atentados del 11-s (si es que nos creemos que fue Al-Qaeda quien lo hizo).

Y con el agravante de que esos atentados, sustentados en esta miseria existencial de la población, sirvieron de pretexto para causar centenares de miles de muertos posteriores en gran cantidad de países de todo el mundo y para realizar un amplio recorte de libertades ciudadanas que pavimenta la llegada de una dictadura a escala global.


La situación se repite constantemente entre todas las poblaciones del mundo.

Llegados a este punto, habrán los que argumenten que nos lo tomamos todo demasiado en serio y que sacamos las cosas de quicio.

Esa gente argumentará que si los Reyes de España viajan a Arabia Saudita o mantienen relaciones amistosas con la familia real saudí, es algo que nosotros no debemos juzgar porque las amistades que tengan forman parte de sus vidas privadas; y también nos dirán, con cierto grado de razón, que las relaciones cordiales o amistosas con todo tipo de regímenes, aunque sean tan criminales como el de Arabia Saudí, se justifican por los intereses económicos y políticos que tienen todos los estados.

Cargados de razón, nos dirán que en el “mundo real” domina el pragmatismo y el interés, que en la política y la economía se hacen “extraños compañeros de cama” y que a veces es necesario pactar con el mismísimo diablo en pos del interés nacional (entendiendo por interés nacional el de las oligarquías financieras que construyen trenes de alta velocidad, trafican con armas o extraen petróleo evadiendo impuestos en paraísos fiscales, claro).


Ciertamente, comprendemos estos puntos de vista tan pragmáticos.

Es obvio que la política en el mundo real funciona así. Podría resumirse con el refrán “el muerto al hoyo y el vivo al bollo”.

Quizás están en lo cierto y deberíamos ser prácticos y abandonar toda sensiblería moral y toda búsqueda de una coherencia o sentido profundo en nuestras acciones y gestos.

Pero si vamos a ser tan pragmáticos que solo actuaremos siguiendo el interés de cada momento, entonces dejemos de lado todos esos gestos simbólicos vacíos de una vez por todas.

Esperemos que todos estos que nos espetan que la “política es así” y que se ha de ser pragmático, no hayan asistido jamás a una concentración de repulsa, a un minuto de silencio, a una manifestación por la paz, o a un homenaje a las víctimas del terrorismo.


Si realmente creemos que debe primar el interés nacional del momento y el pragmatismo, por encima de “las sensiblerías”, seamos coherentes y sinceros con nosotros mismos.

Digamos que toda esa simbología nos importa un rábano.

Digamos que las mujeres maltratadas o las víctimas del terrorismo nos la traen floja.

Que nos la trae al pairo lo que signifique simbólicamente el Rey de España, la bandera, el himno o cualquier otro símbolo nacional y que no nos va a importar en absoluto que alguien lo insulte, lo silbe o lo queme.


Eso implicaría ser coherente y pragmático.

Pero, ¿saben una cosa?

Este ejercicio de coherencia, no lo veremos jamás.

Muchos de esos que ahora defienden el pragmatismo de la política y consideran natural que el Rey de España se relacione con fanáticos terroristas por “interés nacional”, entran en cólera cuando alguien maltrata el “trapito nacional”.

Es cierto: a estas personas las mujeres maltratadas, los homosexuales, los demócratas o las víctimas del terrorismo, no les importan en absoluto. Las personas que les rodean, les importan una mierda, hablando en plata.

Pero serían capaces de matar si alguien ataca uno de sus símbolos patrióticos.


Y eso significa que, en una última pirueta de su incoherencia y vacío de sentido, estas personas han sido programadas para defender una especie de vómito psicológico difuso llamado “patria”, que nada tiene que ver con el respeto a las personas que habitan el país, ni con la auténtica dignidad de la comunidad nacional que lo conforma; el concepto de “patria” que la mayoría de personas defienden, es un concepto vacío de contenido real, que solo está relacionado con símbolos abstractos como la bandera, el himno, o las instituciones representativas del estado.

Este mecanismo mental sin sentido alguno, es el que permite, en el caso concreto de España, que un ciudadano considere normal que el Rey, como símbolo nacional, rebaje hasta el nivel del betún la dignidad del país al relacionarse con los criminales que matan a sus propios ciudadanos, y a la vez monte en cólera cuando alguien falta al respeto a la figura del monarca.


Y es que no sólo estamos programados mentalmente como autómatas, sino que además, esa programación, en muchos casos, no guarda ningún tipo de coherencia interna, como hemos tratado de plasmar en este artículo.

Así se explica que los mismos que nos oprimen fomenten este patriotismo vacío desde las escuelas.

Eso les ha permitido, desde hace siglos, mantener sus privilegios y la cabeza sobre los hombros, mientras nos conducían a guerras donde somos masacrados como chinches, defendiendo sus intereses

Así es como han conseguido que sigamos ciegamente a líderes políticos y religiosos que solo nos han traído la desesperación, el sufrimiento y la muerte.

Estamos inmersos en un gran baile de máscaras… un baile organizado en el patio de un manicomio, donde los locos son tan dementes, que creen que las grotescas máscaras que llevan puestas, en realidad son sus propias caras y cuya enajenación es tan extrema, que ni tan solo saben que están bailando…

¿Alguien se ha planteado que a lo mejor nos merecemos todo lo que nos hacen?

GAZZETTA DEL APOCALIPSIS



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